martes, 2 de noviembre de 2010

Una mirada profunda

Pensando acerca de la realidad virtual y la no virtual, y planteándome las preguntas hechas en clase, llegué a la conclusión de que lo único que tienen en común ambas realidades es que se pueden percibir. Mi reflexión continuó: ¿son las mismas percepciones las que se tienen tanto en una como en otra ?.

Pues claro, es tan real y verdadero el tacto de una mano de carne y hueso como otra ficticia o virtual. Y así quedó contestada la pregunta: las percepciones son las mismas, tenemos las mismas sensaciones y con los mismos órganos. Pero algo no cuadraba: no es lo mismo un objeto real que virtual, eso está claro para todos, pero ¿qué es lo que los diferencia?.

(...)Siempre ha sido que lo real, lo concreto, lo demostrable era aquello que nosotros mismos podíamos palpar, ver, oler, oír e incluso degustar, y eso son percepciones, ¿no son iguales las percepciones en uno y otro caso?; y por lo tanto, ¿no son iguales la una y la otra?.

De aquí podría desprenderse que sí, pero todos sabemos que son diferentes y mucho; y en consecuencia la diferencia se encuentra a otro nivel que no es la percepción que hace físico a un objeto.

La realidad virtual es verdaderamente un engaño que nos hace creer que estamos sintiendo cosas que mientras tenemos el casco y los guantes puestos podemos percibirlas pero una vez que nos los quitamos estamos reducidos a nuestro mundo miserable que no tiene ni punto de comparación con el virtual, en el que nada es imposible y no hay limitaciones.

Entonces, concretando, un objeto real de uno virtual se diferencia por su presencia, función, desarrollo y significado.

Nilda Risueño Medina

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